Ucrania ha dado un nuevo paso en el desarrollo de sus propias armas de largo alcance. Según informaciones de círculos de defensa, se ha probado el FP-7, un misil balístico lanzado desde tierra con un alcance de unos 200 kilómetros.
Las cifras indicadas hablan por sí solas. Una velocidad de unos 1.500 metros por segundo. Una cabeza de guerra de 150 kilos. Y una precisión de unos 14 metros.
Son valores con los que se pueden alcanzar nodos logísticos, puestos de mando y polvorines sin necesidad de una salva de varios misiles.
¿Qué tipo de misil es?
El FP-7 es un misil balístico. Eso significa que tras el lanzamiento sube rápido, traza un arco alto y después cae a gran velocidad hacia el objetivo.
No vuela, por tanto, bajo sobre el terreno como un misil de crucero. En cambio, en la fase final baja en picado. Eso deja a los defensores poco tiempo para reaccionar.
Con una velocidad de 1.500 metros por segundo, el FP-7 supera con creces la velocidad del sonido. Equivale a más de 5.000 kilómetros por hora. Para la defensa aérea, eso significa tiempos de reacción cortos y un perfil de intercepción más difícil.
200 kilómetros no es poca distancia
Un alcance de 200 kilómetros sitúa al FP-7 en la categoría de misiles balísticos tácticos. Son armas pensadas para neutralizar objetivos muy por detrás de la línea del frente.
Por ejemplo, conexiones ferroviarias, depósitos de combustible, instalaciones de radar o puntos de concentración de tropas. El tipo de infraestructura que mantiene en marcha a un ejército.
En la guerra se ve a diario lo importantes que son esos objetivos. Quien golpea la logística golpea el ritmo del adversario.
150 kilos con 14 metros de precisión
La cabeza de guerra de 150 kilos es lo bastante pesada para dañar seriamente objetivos reforzados. Pero la cifra más importante quizá sea la precisión.
Un CEP de 14 metros significa que la mitad de los misiles impacta dentro de un círculo de 14 metros alrededor del objetivo. Es un nivel de precisión moderno.
Para comparar: sistemas antiguos de la época soviética tenían a veces desviaciones de cientos de metros. Entonces hacía falta masa para lograr efecto. Aquí se trata de impactos dirigidos.
Con esa combinación de carga y precisión se pueden neutralizar edificios o instalaciones concretos sin arrasar toda una zona.
Más capacidad de ataque propia
Hasta ahora, Ucrania dependía mucho de sistemas occidentales para este tipo de alcance. Con un misil propio, el panorama cambia.
La producción propia significa depender menos de suministros extranjeros y decisiones políticas. También da margen para adaptar el sistema a su propia táctica.
No se sabe cuántos misiles FP-7 hay disponibles. Tampoco está claro si el misil entrará ya en producción en serie. Pero la prueba muestra que Ucrania es técnicamente capaz de alcanzar este nivel.
Y en una guerra en la que la distancia y la precisión son cada vez más importantes, es un avance que hay que tomarse en serio.




















