Sobre el agua aparecen dos figuras humanas formadas por puntos de luz. Los drones también dibujan un paisaje montañoso con una luna redonda encima. No son proyecciones: cada punto es un dron independiente que debe llegar al lugar adecuado en el momento preciso.
La empresa china EHang desarrolla drones para espectáculos y su sistema de control. Según la compañía, un solo sistema puede coordinar más de 20.000 drones. Lo sorprendente es cómo esas máquinas separadas forman una animación reconocible: el movimiento y la luz se coordinan de antemano.
De la animación a miles de rutas de vuelo
El espectáculo empieza en un ordenador. Los diseñadores crean figuras y organizan sus movimientos en una línea de tiempo. Un programa convierte el diseño en planes de vuelo individuales: cada dron recibe su propia ruta e instrucciones para el color de su luz.
El fabricante de drones para espectáculos Verge Aero describe este proceso en su guía sobre espectáculos de drones. El programa también calcula las transiciones entre figuras y comprueba las rutas para evitar colisiones. El espectáculo completo se envía a los drones antes del despegue. No improvisan la imagen mientras vuelan.
Imaginemos un punto luminoso que primero forma parte de una mano y después de una montaña. Su dron debe alcanzar a tiempo la nueva posición, mientras todos los demás hacen lo mismo. No basta con diseñar una imagen bonita: también deben funcionar los recorridos para llegar hasta ella.
¿Cómo sabe un dron dónde está con tanta precisión?
EHang utiliza RTK-GNSS: navegación por satélite complementada con datos de corrección. La localización habitual por satélite puede desviarse varios metros. Con RTK, una estación fija en tierra ayuda a los aparatos a calcular su posición con mucha más precisión. EHang anuncia una exactitud de centímetros.
El reloj también importa. Como explica Verge Aero en su descripción técnica, la navegación por satélite aporta una hora precisa además de la posición. Así, los drones pueden empezar sus planes de vuelo casi simultáneamente. Durante el vuelo, el control compara la posición real con la prevista para ese instante y corrige cuando es necesario.
Así mantienen la coherencia las figuras: los drones siguen la misma línea de tiempo mientras cada aparato controla su propia posición. Sus luces cambian de color en los momentos programados.
El aterrizaje también forma parte del plan
El dron para espectáculos que EHang presenta actualmente en su página de producto pesa 650 gramos, según el fabricante. La velocidad anunciada durante el espectáculo es de 6 metros por segundo, unos 22 kilómetros por hora, con una autonomía de hasta 45 minutos. Son las especificaciones del producto ofrecido, no mediciones de los drones de esta grabación.
EHang describe un funcionamiento automático desde el despegue hasta el regreso, con detección de fallos, sensores de respaldo y enlaces de comunicación redundantes. El procedimiento general explicado por Verge Aero también contempla rutas individuales de regreso y aterrizajes escalonados. La organización en tierra forma parte del espectáculo tanto como las figuras del cielo.
El público ve personas y paisajes en el aire. Detrás hay una animación diseñada de antemano y ejecutada por miles de puntos luminosos voladores. La combinación de formas, colores y movimientos sincronizados con precisión hace que las imágenes resulten tan llamativas.





















