Un chip de IA con 208.000 millones de transistores necesita más que un diseño ingenioso. Hacen falta fábricas capaces de construir esos interruptores diminutos. Ahí aparece un nombre neerlandés conocido: Philips ayudó a poner en marcha ASML y TSMC.
En el fragmento, Jensen Huang, máximo responsable de Nvidia, recuerda esa historia industrial. La conexión va desde las máquinas neerlandesas hasta la fabricación taiwanesa y la potencia de cálculo con la que se entrena y utiliza la IA.
En 1984, Philips y ASM International fundaron juntas ASM Lithography, después ASML. Empezó en una nave con goteras en Eindhoven, apoyándose en investigaciones iniciadas en los años setenta.
Las máquinas de ASML pueden entenderse como proyectores extraordinariamente precisos. Los sistemas de litografía reproducen patrones sobre una oblea de silicio fotosensible. Las estructuras del chip se forman capa a capa. El reto es repetirlo a una escala diminuta exactamente en el lugar correcto.
Tres años después, Philips también participó en la fundación de TSMC, junto al Gobierno taiwanés e inversores privados. Morris Chang impulsó un modelo particular: fabricar chips diseñados por otras empresas.
Los diseñadores ya no tenían que construir además su propia fábrica. TSMC podía centrarse en la producción y sus clientes en el diseño. Esa división del trabajo se convirtió en un motor importante del crecimiento del sector.
Un ejemplo concreto es Nvidia Blackwell. Nvidia diseña este procesador de IA y encarga su fabricación con un proceso específico de TSMC. Dos piezas de silicio conectadas a gran velocidad funcionan como una sola GPU. Juntas contienen 208.000 millones de transistores.
Así encajan los papeles: Nvidia diseña el motor de cálculo, TSMC fabrica el chip y ASML aporta máquinas importantes para producirlo. También es imprescindible una amplia red de otros proveedores especializados.
Philips no fabrica esos chips de Nvidia, pero ayudó a construir dos eslabones cruciales de su historia. Eso hace especial la conexión: decisiones e investigaciones de los años ochenta siguen influyendo en la IA que aparece en nuestras pantallas.





















