China ha puesto oficialmente en servicio su tercer portaaviones, el Fujian, un acontecimiento que atrae la atención mundial. Con este paso, Pekín confirma su ambición de convertirse en una verdadera superpotencia marítima. El buque no es una simple ampliación de la flota; es una declaración tecnológica que muestra que China se toma en serio la lucha por el dominio del mar.
Una cubierta de alta tecnología con catapulta electromagnética
El Fujian es el primer portaaviones diseñado y construido íntegramente en China con catapultas electromagnéticas (EMALS). Este sistema, comparable al de la clase estadounidense Gerald R. Ford, permite lanzar aviones más pesados y avanzados, incluidos cazas furtivos como el J-35. En lugar de la tradicional rampa «ski-jump», el Fujian tiene una cubierta plana con tres potentes pistas de catapulta.

Con un desplazamiento estimado de más de 80.000 toneladas, el buque es comparable a los portaaviones nucleares estadounidenses, aunque el Fujian se propulsa con turbinas convencionales. Aun así, supone un salto tecnológico: aumenta mucho el alcance, la potencia de fuego y la flexibilidad operativa de la armada china.
Impacto estratégico en la región
La entrada en servicio del Fujian cambia el equilibrio de poder en Asia. Donde durante años Estados Unidos, Japón y Corea del Sur marcaban el ritmo en el Pacífico, China dispone ahora de una flota capaz de competir de verdad con las armadas occidentales. Los analistas lo ven como parte de una estrategia más amplia: el dominio marítimo en torno a Taiwán y el mar de China Meridional.
Se espera que el buque opere en agrupaciones navales combinadas con submarinos, destructores y fragatas, y puede sostener cientos de operaciones aéreas al día. Así, no solo refuerza la presencia china en aguas disputadas, sino que también aumenta la presión sobre los socios de la OTAN y los aliados de la región.
Reacciones en el mundo
El lanzamiento fue seguido de cerca en Washington, Tokio y Canberra. Expertos estadounidenses en defensa advierten de que, con el Fujian, China empieza a cerrar «la última brecha con la armada estadounidense». Al mismo tiempo subrayan que la experiencia es crucial: EE. UU. tiene décadas de experiencia operativa con portaaviones, mientras que el Fujian aún debe someterse a amplias pruebas.
Europa, mientras tanto, observa con sentimientos encontrados. El crecimiento de la armada china también presiona a la industria de defensa europea para seguir innovando, tanto en tecnología como en capacidad de producción. Los chinos trabajan a fondo en robots, láseres, grandes drones de carga, el desarrollo de su armada avanza a toda velocidad y convierten buques mercantes normales en arsenales de misiles. Europa y Estados Unidos tienen motivos de sobra para preocuparse.
El futuro del poder naval
Con el Fujian, China da un paso simbólico y estratégico: el paso de la defensa regional a la proyección de poder a escala mundial. El buque encaja en la modernización más amplia de la armada del Ejército Popular de Liberación, que ya es la mayor del mundo en número de buques.
En los próximos años se prevén más portaaviones, quizá incluso de propulsión nuclear. Así, parece solo cuestión de tiempo que China sea, junto a EE. UU., la segunda nación con una flota de portaaviones desplegable en todo el mundo.





















