En el campo de batalla de Ucrania, los <a href=»https://defence-watch.com/2025/12/31/glasvezeldrones-bizarre-beelden-uit-lyman-onthullen-nieuwe-droneoorlog-video/»>drones guiados por fibra óptica</a> ya son el pan de cada día. Tanto Ucrania como Rusia los usan en gran número para ataques, reconocimiento y para perturbar la logística. Precisamente porque estos drones son casi inmunes a la guerra electrónica clásica, hasta ahora parecían casi imparables. En ese contexto, la reciente demostración del sistema estadounidense Leonidas de Epirus es llamativa: por primera vez se ha demostrado que un arma electrónica puede neutralizar de verdad drones de fibra óptica. Vea el vídeo de abajo.
Leonidas no es un inhibidor ni un sistema clásico de defensa aérea. La plataforma trabaja con microondas de alta potencia que dirigen energía electromagnética hacia un objetivo. Así no se perturba la conexión, sino que se daña o destruye la electrónica del propio dron. Eso hace al sistema fundamentalmente distinto de las contramedidas existentes. Que un dron se controle por radio, por fibra óptica o de forma autónoma es en principio irrelevante mientras su electrónica sea vulnerable.
En una prueba a finales de 2025, Leonidas logró neutralizar un dron FPV guiado por fibra óptica. Puede parecer un pequeño éxito técnico, pero operativamente es un avance importante. Los drones de fibra óptica se usan precisamente porque son inmunes a la inhibición y el spoofing. Que un sistema no cinético pueda neutralizarlos rompe una ventaja táctica que hasta ahora se consideraba casi intocable.
Por qué los drones de fibra óptica son tan problemáticos
Los drones de fibra óptica deben su éxito a la sencillez y la eficacia. Un cable fino se desenrolla durante el vuelo y garantiza un control estable e imagen en directo, sin señal de radio que pueda interceptarse o perturbarse. En Ucrania se usan para ataques sin retorno, para destruir vehículos y para observar movimientos tras las líneas. Fuentes rusas hablan ya de empleos a hasta cincuenta kilómetros.
El problema no está solo en lo que pueden hacer estos drones, sino sobre todo en su número. Son relativamente baratos, rápidos de producir y se <a href=»https://defence-watch.com/2026/01/28/twintig-drones-een-aanval-nieuwe-beelden-tonen-zwermtechnologie-tegen-infanterie/»>usan en masa</a>. Aunque se derribe una parte, siempre quedan suficientes para causar daños. Los medios cinéticos son <a href=»https://defence-watch.com/2025/12/03/nomads-waarom-nederland-kiest-voor-een-uniek-luchtverdedigingsvoertuig-dat-met-de-troepen-meebeweegt/»>caros</a> e ineficientes, y la guerra electrónica simplemente no funcionaba hasta ahora contra los drones de fibra óptica. El resultado: presión constante sobre las líneas del frente y las rutas logísticas, sin una defensa fiable.
Leonidas ataca el problema de raíz
Leonidas ofrece un enfoque fundamentalmente distinto. El sistema usa antenas de fase controladas por software para emitir energía de microondas de forma muy dirigida. Así puede afectarse a un dron concreto sin grandes daños colaterales. Los efectos son casi inmediatos: la electrónica falla y el aparato queda ingobernable. Como se trata de radiación no ionizante, el sistema es seguro para el personal cercano si se usa correctamente.
También es importante que Leonidas es escalable. En teoría, un solo sistema puede afectar a varios drones en poco tiempo o incluso a la vez. Eso lo hace relevante en escenarios con enjambres o <a href=»https://defence-watch.com/2026/01/23/waarom-rusland-een-shahed-drone-met-luchtdoelraket-inzet-oorlog-in-oekraine-versnelt-militaire-innovatie-video/»>grandes cantidades de drones</a>, justo el problema al que Ucrania y Rusia se enfrentan a diario.
No es una panacea, pero sí un eslabón crucial
Leonidas no eliminará del todo el problema de los drones. Su alcance es limitado, debe conectarse a sensores y funciona mejor como parte de una defensa por capas. Pero llena un vacío crucial: hasta ahora casi no había respuesta eficaz contra los drones de fibra óptica salvo derribarlos físicamente. Ahora surge por primera vez la posibilidad de afectarlos a mayor escala. Sobre todo alrededor de lugares críticos como bases, nodos logísticos y puestos de mando, puede marcar la diferencia. Los <a href=»https://defence-watch.com/2026/01/02/oekraiense-sting-drone-valt-shahed-136-drones-met-precisie-aan-video/»>drones antidrones</a> y otros sistemas como el <a href=»https://defence-watch.com/2026/01/12/frankenburg-presenteert-betaalbare-raket-mark-1-tegen-drones-tien-keer-goedkoper-dan-stinger-raket/»>Mark 1</a>, y para distancias mayores los <a href=»https://defence-watch.com/2025/12/03/nomads-waarom-nederland-kiest-voor-een-uniek-luchtverdedigingsvoertuig-dat-met-de-troepen-meebeweegt/»>Nomads</a>, siguen formando parte del escudo defensivo. Así surge una defensa aérea por capas.
La guerra como motor de innovación
El desarrollo de Leonidas encaja en un patrón cada vez más claro: cada nueva táctica provoca una contrarreacción. Los drones FPV llevaron a los inhibidores, los inhibidores a los drones de fibra óptica y estos ahora a los sistemas de microondas. La guerra acelera la innovación, no en años, sino en meses.
El éxito de Leonidas muestra que incluso tendencias que al principio parecen imparables, como el uso masivo de drones de fibra óptica, acaban encontrando una respuesta. No con un arma milagrosa, sino con nuevas capas, conceptos y formas de pensar. En un conflicto en el que el número suele importar más que la perfección, precisamente un cambio así puede marcar la diferencia.




















