La lucha contra los drones cambia a toda velocidad. Si hace unos años los problemas los causaban sobre todo pequeños cuadricópteros, ahora son drones de ataque rápidos, inteligentes y a veces cargados de explosivos los que dan quebraderos de cabeza a ejércitos de todo el mundo. Rusia los usa en Ucrania, milicias de Oriente Medio los lanzan contra buques estadounidenses, e incluso los ejércitos mejor equipados tienen dificultades para detenerlos de forma eficaz y asequible. Hasta ahora a menudo había que recurrir a misiles caros o incluso a cazas para derribar objetivos pequeños y baratos. A largo plazo, eso era insostenible.
Por eso la llegada del Roadrunner-M es interesante. Anduril Industries, un actor relativamente joven pero ya influyente en la industria de defensa estadounidense, ha desarrollado un dron que funciona en gran medida como un misil, pero uno que puede volver y reutilizarse. Y ese es justo el tipo de innovación inteligente que hace falta hoy.
El Roadrunner-M parece un misil de crucero compacto, pero bajo la carcasa se esconde uno de los sistemas antidrones más avanzados que existen. Gracias a dos pequeños y potentes motores a reacción alcanza velocidades a las que los drones de defensa normales ni se acercan. Esa velocidad es crucial, porque los drones de ataque también son cada vez más rápidos.
Vídeo de Anduril Industries (cómo funciona el dron)
Pero la velocidad no basta. La fuerza del sistema está precisamente en su paciencia: el dron puede quedarse sobrevolando una zona como un ave rapaz cuando se espera una amenaza. En ese modo de merodeo puede esperar un rato en la zona, listo para atacar en cuanto se detecte un dron enemigo. ¿Y si la amenaza no llega? Entonces el Roadrunner-M da la vuelta tranquilamente y vuelve solo a su plataforma de lanzamiento, donde puede aterrizar en vertical. En lugar de un solo uso, como los misiles, es reutilizable. Eso no solo ahorra muchísimo dinero, sino que también aumenta la disponibilidad: los ejércitos ya no tienen que temer malgastar munición en falsas alarmas. Imagine que se acercan decenas de misiles o drones y ya se ven en el radar. Envías decenas de Roadrunner justo antes de su llegada, atacan a los drones y, si no se usan, vuelven. Todo esto no está tan lejos como se describe. Y da esperanza frente a ataques masivos.

Precisamente eso hace el sistema tan interesante para la Armada estadounidense. Sus buques en Oriente Medio han sido atacados con regularidad en los últimos años por drones de los rebeldes hutíes. Para destruirlos tuvieron que disparar a veces misiles SM-2, que cuestan muchos millones y en realidad están pensados para amenazas mucho más pesadas, como misiles de crucero o aviones enemigos. El contraste era doloroso: un misil de unos millones contra un dron de unos miles de dólares. El Roadrunner-M ofrece una solución mucho más lógica no solo táctica, sino también económicamente.
Esa conciencia ha llegado también a Washington. El Departamento de Defensa estadounidense ya ha encargado más de 500 Roadrunner-M, una señal clara de que este sistema tendrá un lugar fijo en la defensa aérea y marítima estadounidense. La Armada prevé emplearlos ampliamente, entre otros en destructores, donde servirán de centinela rápido y flexible contra drones que amenazan con desbordar la defensa aérea tradicional.
La introducción del Roadrunner-M muestra lo grande que es el cambio que se está produciendo en la defensa aérea. Si antes se invertía sobre todo en misiles más grandes y sistemas más pesados, ahora de repente todo gira en torno a la inteligencia, la autonomía y la velocidad. Un pequeño dron con motores a reacción que despega, merodea, ataca y vuelve por sí solo era hasta hace poco ciencia ficción. Ahora es realidad, y quizá el comienzo de una nueva generación de defensa aérea en la que los interceptores autónomos y reutilizables sean tan normales como lo son hoy los misiles.




















