Alemania tiene una nueva y especial arma en el mar. Su armada ha recibido el primer BlueWhale, un submarino no tripulado de Israel. El sistema lo ha desarrollado Israel Aerospace Industries y está pensado para la lucha antisubmarina, el reconocimiento y la detección de minas marinas.
No se trata de un pequeño dron de pruebas, sino de un submarino no tripulado completo de más de diez metros de largo. Con este paso, Alemania apuesta claramente por un mayor uso de sistemas autónomos bajo el agua, sobre todo en el estratégicamente sensible mar Báltico.
¿Qué es exactamente el BlueWhale?
El BlueWhale mide unos 10,9 metros y pesa alrededor de 5,5 toneladas. Es una plataforma marítima seria, no un juguete experimental. El sistema puede operar hasta unos 300 metros de profundidad y, según el fabricante, permanece varias semanas seguidas bajo el agua.
Su velocidad de crucero ronda los 7 nudos. No parece rápido, pero en este tipo de misiones la velocidad importa menos que la autonomía. El objetivo es estar presente en silencio durante mucho tiempo y reunir información.
Sobre el casco lleva un mástil extensible. Cuando sale del agua, el BlueWhale puede comunicarse por satélite y enviar datos. Así, el sistema puede compartir información sin volver a puerto.
Importante para la lucha antisubmarina
Una de las tareas más importantes del BlueWhale es detectar submarinos enemigos. El sistema lleva un sonar avanzado, incluido un sonar remolcado capaz de captar los sonidos de otros submarinos.
En el Báltico, donde buques rusos y de la OTAN se vigilan de cerca, no es un lujo superfluo. Es un mar relativamente poco profundo y muy transitado, lo que complica la detección de submarinos. Más sensores bajo el agua dan a Alemania una mejor visión.
Al no tener tripulación, el BlueWhale puede patrullar durante mucho tiempo sin riesgo para nadie. Eso lo hace especialmente adecuado para la vigilancia permanente de zonas sensibles.
Detección de minas y protección de cables
Además de submarinos, el BlueWhale también puede detectar minas marinas. Es importante, porque las minas siguen siendo una amenaza real en mares poco profundos. Con sensores especiales, el sistema puede cartografiar objetos sospechosos antes de que buques mayores entren en una zona.
La protección de cables y gasoductos submarinos también tiene un papel cada vez mayor. Los cables de comunicaciones y las conexiones energéticas en el fondo marino son vulnerables. Un sabotaje o daño puede tener grandes consecuencias para los países europeos.
Un submarino no tripulado capaz de permanecer semanas en una zona no solo actúa como observador, sino también como disuasión. Quien sabe que se le vigila de forma permanente se arriesgará menos.
No sustituye a los submarinos clásicos
El BlueWhale no va armado con torpedos. El sistema está pensado sobre todo para detección, observación y recopilación de información. No sustituye, por tanto, a un submarino tradicional, sino que lo apoya.
Gracias al BlueWhale, los submarinos tripulados alemanes pueden emplearse de forma más dirigida. Cuando el submarino no tripulado detecta actividad sospechosa, pueden enviarse unidades mayores.
Eso convierte al BlueWhale en un multiplicador de fuerza. El sistema aumenta la eficacia de los medios existentes sin necesidad de más tripulaciones.
Menos costes y menos riesgo
Una ventaja importante de un submarino no tripulado es que no lleva tripulación. Eso reduce no solo el riesgo, sino también los costes operativos. Se necesita menos personal para formación, despliegue y patrullas largas.
En un momento en que los países europeos aumentan su gasto en defensa pero también deben gestionar bien sus presupuestos, estos sistemas resultan atractivos. Combinan una presencia prolongada con un uso de personal relativamente limitado. Así, Estados Unidos y, por ejemplo, Australia también trabajan en submarinos autónomos
Un paso estratégico para Alemania
Con la introducción del BlueWhale, Alemania muestra que apuesta por tecnología moderna y autónoma bajo el agua. Donde los aviones no tripulados ya son habituales, el dominio submarino también empieza a cambiar rápido.
El Báltico es una zona clave en este sentido. Las tensiones con Rusia, el sabotaje de infraestructuras y el aumento de la actividad militar hacen necesaria una vigilancia permanente.




















