Desde el estallido de la guerra entre Ucrania y Rusia, el papel de los drones en el campo de batalla ha cambiado drásticamente. Donde antes los sistemas no tripulados se usaban sobre todo <a href=»https://defence-watch.com/2025/11/24/waarom-deze-nederlandse-defensie-drone-nu-zo-gewild-is-in-europa-en-oekraine/»>para reconocimiento</a>, ahora se han convertido en <a href=»https://defence-watch.com/2026/01/28/zien-amerikaanse-militairen-trainen-met-22-ai-drones-tegelijk-video/»>armas de ataque usadas en masa</a>. Tanto Rusia como Ucrania emplean miles de drones, desde pequeños UAV de observación hasta <a href=»https://defence-watch.com/2025/12/31/glasvezeldrones-bizarre-beelden-uit-lyman-onthullen-nieuwe-droneoorlog-video/»>drones de ataque sin retorno</a> como el iraní Shahed. Estos drones son relativamente baratos, pueden recorrer cientos de kilómetros y llevan cargas explosivas capaces de causar daños considerables a infraestructuras y objetivos civiles.
Eso ha dejado al descubierto un problema fundamental de la <a href=»https://defence-watch.com/2025/12/03/nomads-waarom-nederland-kiest-voor-een-uniek-luchtverdedigingsvoertuig-dat-met-de-troepen-meebeweegt/»>defensa aérea existente</a>. Muchos misiles antiaéreos están diseñados para derribar aviones o helicópteros y suelen costar <a href=»https://defence-watch.com/2026/01/01/samp-t-luchtverdediging-verrast-in-oekraine-op-sommige-vlakken-beter-dan-het-patriot-raketsysteem/»>cientos de miles de euros cada uno</a>. Usar esos misiles contra drones que a veces cuestan solo unas decenas de miles de euros es difícilmente sostenible. En conflictos prolongados, eso lleva a un desequilibrio de costes en el que el defensor sale estructuralmente más caro que el atacante.
Vídeo abajo: Frankenburg prueba el misil Mark 1 contra un dron similar al Shahed.
El Shahed como arma estratégica
Los drones Shahed que usa Rusia muestran por qué esta evolución es tan preocupante. Son lentos y de construcción relativamente sencilla, pero pueden volar bajo, son difíciles de detectar y llevan una cabeza de guerra pesada. Precisamente porque son baratos pueden usarse en gran número. Eso obliga a los países a buscar alternativas a la defensa aérea clásica.
No es casualidad, por tanto, que tanto <a href=»https://defence-watch.com/2026/01/01/vs-test-namaak-shahed-136-drone-voor-eigen-gebruik-video/»>Estados Unidos</a> como Francia trabajen en drones propios muy parecidos al concepto Shahed. No solo para poder usarlos, sino también para entenderlos mejor y defenderse con más eficacia. El foco se desplaza cada vez más a la producción en masa, la sencillez y el bajo coste, tanto en el ataque como en la defensa.
Mark I: pequeño, rápido y barato
En ese contexto llama la atención el misil Mark I de la empresa estonia <a href=»https://defence-watch.com/2026/01/12/frankenburg-presenteert-betaalbare-raket-mark-1-tegen-drones-tien-keer-goedkoper-dan-stinger-raket/»>Frankenburg Technologies</a>. Este misil se ha desarrollado específicamente para la defensa aérea de corto alcance contra drones. Destaca sobre todo su tamaño: con solo 650 milímetros de largo, el Mark I es extremadamente compacto frente a los misiles antiaéreos tradicionales.
Aun así, el sistema no es nada lento. Gracias a un motor cohete de combustible sólido, el Mark I alcanza más de 1.000 kilómetros por hora. Así puede interceptar objetivos a unos <a href=»https://defence-watch.com/2026/01/29/estland-test-mark-i-interceptor-tegen-shahed-drones-zo-werkt-moderne-dronebestrijding-video/»>2 kilómetros de distancia</a>. Eso lo hace muy adecuado para derribar drones lentos y de vuelo bajo, como los sistemas tipo Shahed, pero también objetivos más rápidos con motores a reacción.
El misil se lanza desde un sencillo trípode y usa sensores externos y sistemas de mando y control para la detección y el seguimiento. En la fase final, el guiado terminal hace que el misil se acerque lo suficiente al objetivo para detonar mediante una espoleta de proximidad.

Imagen Frankenburg: se ve bien lo pequeño que es este misil.
El coste como factor decisivo
Quizá el aspecto más importante del Mark I sea su precio. Frankenburg afirma que el misil es unas diez veces más barato que un Stinger. Precisamente eso hace atractivo el sistema para países que quieren armarse contra enjambres de drones sin agotar su presupuesto de defensa.
El Mark I está diseñado con la producción en masa como punto de partida. El uso de componentes comerciales debe permitir producir los misiles rápido y localmente, también en países que quieren ampliar su propia defensa aérea. Así, Frankenburg responde a una creciente demanda de «producción soberana»: armas que no dependen de largas cadenas de suministro internacionales.
Interés y ambiciones
Frankenburg tiene ya varias colaboraciones y programas de prueba en Europa y fuera de ella. La empresa presenta el Mark I expresamente no como sustituto de los sistemas antiaéreos existentes, sino como complemento en la capa inferior de la defensa aérea. Justo donde los drones baratos son el mayor problema.
El objetivo final es claro: volver a hacer asequible la defensa aérea en una época en la que la masa importa más que la perfección. La guerra de Ucrania ha mostrado que quien más aguanta suele ser decisivo. Sistemas como el Mark I encajan en esa realidad, no como arma milagrosa de gama alta, sino como respuesta pragmática a una amenaza nueva y persistente.



















