Los mares ya no son el dominio seguro de enormes buques de guerra. En Ucrania vemos cómo los drones y pequeñas embarcaciones no tripuladas ponen de repente patas arriba el equilibrio de poder en el mar. Por primera vez en décadas, fragatas y cruceros son vulnerables a adversarios baratos y ágiles capaces de atacar desde cientos de kilómetros. Las viejas reglas del poder naval ya no valen, y grandes empresas de defensa como Northrop Grumman y Leonardo trabajan febrilmente en soluciones para proteger los buques en esta nueva realidad. Hay varios láseres en desarrollo, por ejemplo en EE. UU., Israel y Australia, pero ese desarrollo aún está en fase de pruebas. Sin duda harán falta cañones inteligentes.
La guerra en Ucrania se ha convertido en cierto modo en un laboratorio de la guerra naval moderna. Pequeños drones de superficie cargados de explosivos ya han neutralizado o dañado gravemente varios buques de la Armada rusa, una lección dolorosa que se estudia en todo el mundo. El mensaje es claro: los grandes buques ya no son intocables.
Para restablecer el equilibrio, países como EE. UU. e Italia estudian nuevas tecnologías que combinan velocidad, precisión y automatización. El proyectil DART de Leonardo (Driven Ammunition Reduced Time of flight) es una de las respuestas más avanzadas a esta nueva amenaza. A diferencia de la munición convencional, que simplemente vuela en línea recta, el DART puede corregirse en el aire mediante un enlace radar. Una vez disparado, el proyectil sigue en contacto con el radar de dirección de tiro, que le envía continuamente pequeñas correcciones de rumbo. Así, el objetivo, incluso un dron o misil que se mueve rápido, puede alcanzarse con una precisión extrema.
El sistema DART usa aletas de control aerodinámicas y alcanza velocidades de hasta Mach 3,5. Eso significa que una amenaza entrante puede neutralizarse en pocos segundos, antes de que se acerque al buque. La munición está pensada para el conocido cañón de 76 mm Super Rapid de Leonardo, instalado en decenas de buques de todo el mundo. Gracias a esa combinación, los buques existentes pueden adaptarse con relativa facilidad a la nueva realidad sin construir una plataforma de armas totalmente nueva. Eso hace al DART no solo impresionante tecnológicamente, sino también práctico y asequible para muchos países de la OTAN, incluidos los Países Bajos, que también han elegido el DART. (Vea abajo cómo funciona este sistema.)
(Vídeo: Northrop Grumman)
También en el lado estadounidense la ola de innovación está en pleno apogeo. Northrop Grumman trabaja en tecnologías de defensa integradas que combinan radar, sensores ópticos e inteligencia artificial para detectar y neutralizar drones de forma automática. La empresa se centra, entre otras cosas, en las armas de energía dirigida (DEW), es decir, láseres capaces de reaccionar a las amenazas a la velocidad de la luz. Estos láseres pueden funcionar sin reservas de munición, por lo que son ideales contra enjambres de drones que atacan en gran número a la vez. Además, Northrop desarrolla paquetes de defensa modulares que pueden instalarse también en buques existentes, de forma similar al enfoque de Leonardo.
Según analistas navales, el paso hacia una defensa autónoma es inevitable. Si antes los operadores tenían que identificar y neutralizar cada objetivo, los sistemas modernos pueden tomar decisiones en milisegundos basándose en algoritmos de IA. Esa velocidad es esencial, porque en una futura batalla naval probablemente no se tratará de un solo misil, sino de decenas o incluso cientos de drones atacando a la vez.
Lo que ocurre en el mar va, por tanto, mucho más allá del conflicto en Ucrania. Es una carrera tecnológica mundial entre grandes potencias que quieren preparar sus flotas para la próxima generación de guerra. La lucha entre las viejas estructuras navales y los nuevos sistemas de armas inteligentes determinará quién domina los mares: Estados Unidos, Europa o quizá países que hoy se consideran outsiders. Una cosa es segura: quien aprenda primero a detener los enjambres de drones marcará el futuro del poder naval.






















